Hay confesiones oscuras y sucias... Confesiones de criminales y suicidas... Confesiones que oscilan entre lo sublime de lo cotidiano y el delgado límite que hay entre nosotros y la locura... Existen verdades por salir y algunas que no se reconocen; estas son las #ConfesionesdeunChataLover
lundi
Aserrín, aserrán
Les voy a contar de una vez que mi corazón estaba entero... Pero por dentro tengo polillas y ahora solo tengo aserrín... No es que esté mal tener aserrín, pero a veces es un poco aburrido...
Ahí radica mi problema, en el aserrín, en esa sensación de que tengo algo ahí adentro pero hecho añicos, ¿entienden? Las personas como yo no podemos estar esperando eternamente porque llegue un nuevo corazón. De hecho, ¡no existen nuevos corazones! Nacimos con las piezas contadas y no hay repuestos... Nos la jugamos con lo que tenemos: unos tienen corazones 2 tallas más pequeños, otros tienen corazones de melón y otros... tenemos aserrín...
Así que aprendí a moldear el corazón con goma blanca... No es la mejor manera de moldearse la vida, pero a falta de pan, agua. El problema en sí, no es lo increíblemente mal que se ve en sus acabados, sino la terrible y inconsistencia que tiene... Es casi un corazón desarmable. ¡Desarmable, carajo! Cualquier patas vueltas lo sopla y se me va toda a la puta. Y un corazón en la puta, es un corazón que no siente...
También he buscado formas más inteligente para mantener una forma sólida de mi aserrín: en un frasco. El problema de los frascos es que tienen que estar cerrados y tener el corazón cerrado es casi tan terrible como tenerlo de aserrín. El problema de pensar soluciones inteligente, lo racional no se mezcla tan bien con los terrenos de eros.
Y claro, una vez tuve la genial idea de tomar mi aserrín cardíaco y utilizarlo como escarcha en los corazones ajenos. ¡Estúpido como ninguno! La gente se va, ¡la gente se va!... y cuando se va se lava su escarchada bomba pectoral y yo me quedo con un poco de aserrín menos... ¡Ahora tengo medio corazón y hecho polvo!
Pero eso no es la historia que les iba a contar, yo les quería hablar de cuando una vez, tuve el corazón entero. Rojo, gigante, voraz, valiente, palpitante... El problema de esta historia es que creo que en ese tiempo que lo tuve, no lo use... Y ahora me lamento, porque mi aserrín es solamente apetecido, por las polillas...
Pero por si acaso, alguien por ahí tiene un gusto extraño... Acá tiene medio corazón, lleno de polillas, engomado y metido en un frasco... Y usted, ese de los gustos extraños, solo le pido que conozca esta historia y se acuerde que, efectivamente, hubo una vez en que tuve un corazón entero... Y quién sabe... dicen que la historia se repite.
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