Publicado el Viernes 29 de Febrero del 2008
No, no, no… No es que ella haya sido un error… Quiero que entiendas, y más que eso que yo me entienda, que no me arrepiento de lo que pasó… Como diría Neruda, yo la amé y ella a veces también me amaba… Pero en otras lo que hacía era encerrarme, ¿qué te diré? Yo le tengo miedo a las cadenas… No, no no, es que mi libertad es el precio último que pagaría… “dadme libertad o dadme mi muerte”… Ella me la quitó de a poquitos y poco a poco me hacía “suyo” ¿Suyo? Eso fue lo que me asustó… ser de ella, cuando antes era mío… ¿Y uno cómo lo nota? El miedo a perderme (no se puede perder aquello que no se posee), los celos, la incesante exigencia… ¡Que sé yo! Uno sabe… más que eso, uno siente… Y yo sentía que en ese momento, nuestros caminos, habían dejado de cruzarse… O yo en un súbito miedo a dejar de tener mi camino y recorrer el suyo… Me alejé… Sí, sé que pude haber buscado otra forma de andar a su lado… pero para qué… Si total, conmigo, ella no era ella… Y yo, yo creo que deje de ser yo mismo… A eso es a lo que tengo aún más miedo, que te conviertas en una sombra, que me recuerde constantemente aquellos días… No es que crea que vayas a manchar mi pasado… Sino que a veces, me oscureces un poco el presente…
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